Dirección postal:
Sr. Cartero
Remitente:
El que escribe
Hola, ésta es una carta que hace mucho tiempo que te quería escribir. Lo he pensado muchas veces, y nunca me había atrevido a hacerlo, porque es raro, atípico. Pero sí, al final me he decidido a hacerlo. Espero sinceramente que estes leyendo ésto porque te hayas decidido a abrir el sobre, obviando la sorpresa o cualquier pensamiento de desconfianza o recelo.
Quisiera saber más de ti. Ya sé que este no es el modo, ni la forma. Ya sé que no te conozco, ni tu a mi. Sé que somos aún menos que cualquier vianante que se cruza con otro por la ciudad, o si me pongo, que cualquiera dos ciudadanos de una misma ciudad que nunca llegan a cruzarse.
Así son las cosas muchas veces, y por eso hoy quiero romper el hielo. Ese hielo frío que hace que nunca nos hablemos, ese frío que congela los gestos por la calle y que hace que el invierno sea más difícil de sobrellevar. ¿Cómo es tu vida? Sí, esto es una “locura”. Pero sinceramente, si has llegado hasta aquí, de perdidos al río, me da igual. Yo te voy a preguntar, y albergaré la esperanza de recibir una respuesta algún día. Mi vida ahora es muy aburrida, aburrida por difícil, porque no encuentro motivos. Porque tengo miedos. “Sí”, “esto lo explica todo”...dirás... Bueno, si y no. Siempre he sido un soñador, así que este sueño, si te soy sincero, lo tengo desde chiquitito. (¿Que pasa si le escribes al que reparte las cartas? ¿Qué ocurre si escribes al que nunca en su vida esperaría una carta, no “ahora”?)
Somos tabla de nuestra propia salvación, pero todos necesitamos un hombro para llorar, aquí te ofrezco un papel, una luz, un algo, por si tu también estás un poco perdido, y ya no digo por las calles. Esas seguro que las conoces al dedillo, o eres nuevo? Imagino el bochorno de la situación de abrir un sobre en el que pone Sr. Cartero y empezar a leer una carta que no es una reclamación, ni una broma, sino un mensaje para iniciar una amistad.
En realidad si lo piensas, no es tan raro, quiero decir, tú eres una persona, está claro que alguien tiene que repartir las cartas, de momento no tenemos la tecnología suficiente para que lo hagan solas, solo en las pelis. Y yo, también soy una persona. Y te estoy escribiendo, aunque no nos hayamos visto antes, aunque tu trabajo sea colocar cartas en buzones y conducir tu moto (o bicicleta, o ...¿vas a pie? Mi tío es cartero también y va a pie, quién sabe. Bueno, a lo que iba, ahora supongo que estarás en casa, o a lo mejor en medio de la calle, entre casa y casa te he pillado, o ...sí, calculo yo que si éstas letras lees, debes estar en la oficina de Correos. De pequeño yo quería ser cartero, me imaginaba que la oficina de correos era un lugar que más tarde descubrí ausente y artificial: sólo existía en mi mente. Me imaginaba un lugar circular de grandes estanterías, altísimas, como si de un panteón se tratase, y en el hueco de cada estantería una ventana hacía un lugar diferente. Casualmente había ventanas suficientes para cada ciudad y cada pueblo y cada país. El cartero o cartera llegaba a su templo de viajes y escalaba una estantería que podía ser altísima como de 50 metros, pero no tenía miedo, iba protegido por una tela invisible que había adquirido en la entrada. La estantería iba escrita en el sobre, así que sólo había que escalarla y entrar por el hueco que tocase. Al final yo suponía que uno se acostumbraba a saber adónde llevar cada sobre, por intuición, y cuando coincidían muchos, pues larga la noche y ya está. Ser cartero debía ser un modo de vida, una forma de vivir.
Porque para volar con el saco a lo “papá” noel había que tener mucha vocación. Estirar los brazos y sobrevolar la ciudad y, al llegar a la casa en cuestión, situarse en vertical y a caer suavemente mientras sentías la brisa y el gusanillo en el estómago de estar cayendo.
¿Cómo no iba a querer ser cartero?
Luego descubrí, porque mi tío se hizo cartero, que era todo muy distinto, lo descubrí al tiempo que muchas otras cosas, y la verdad fue una gran decepción. La época en la que descubrí que cuando salías de tu habitación los muñecos no hablaban y hacían sus cosas antes de volver corriendo a situarse cada uno en su lugar justo antes de que volvieras a entrar, y la época en la que se desvelaron para mi muchos otros secretos que quizá nunca hubiera querido saber. ¿Qué sientes sobre la infancia? Pienso que muchos sueños se nos quedan por el camino, y por eso de camino entre que este se perdiera, he cogido la delantera, lo he pillado por banda, he cogido papel y lápiz y lo he transformado en realidad.
miércoles, 25 de mayo de 2016
lunes, 23 de mayo de 2016
el piano de
...se halla un piano armado contra la pared. No llegaba la luz de la farola, tan sólo un tenue resplandor que tímidamente delataba la elegancia y el prestigio del instrumento.
Lacado en negro, recordaba a un señor anciano vestido eternamente de esmóquin; esperando quizás un baile, una declaración nunca hecha o una segunda oportunidad.
El silencio del habitáculo rompía la noche, llena de sonidos, de gritos, de jaleo estival. Se oían unas calles más allá una pareja discutiendo y un niño pequeño que balbuceaba algo ininteligible. Bajo el mismo foco de la farola, justo abajo de donde quedaba la estancia, una bandada de mosquitos hambrientos se desesperaba por arribar a la Luz, emitiendo un zumbido que, de ser aumentado considerablemente, podría privar al más grande regimiento de su descanso nocturno.
viernes, 21 de septiembre de 2012
La vida de Petra. Capítulo 6
Caminaba sola por la calle, las farolas iluminando los charcos, que se descomponían al antojo de sus botas. De pequeña siempre le habían dicho que pisar charcos era de tontos, pero para ella era un divertimiento inigualable, un pequeño placer de la vida. ¿Qué importaba que luego los pies se mojaran? Ya se secarían. Además, otro pequeño caprice de dieu era llegar a casa, descalzarse, ponerse unos calcetines calentitos y perfumados con el olor del suavizante y tumbarse en el sofá con los pies al lado de la chimenea después de un día de lluvia.
Al llegar cumplió el ritual, pero esta vez encendiendo la radio.
Estimados oyentes de Radio Punto Cero, el presidente Garizón acaba de admitir que es cierto lo que todos temíamos. La vida del planeta Tierra se está apagando. Concretamente, quedan 29 dias del Sol que conocemos. Científicos de la talla de Keith Miller, sin embargo, afirman que hay una solución, consiste en la puesta en marcha de un plan...Petra apagó la radio. En su cara, una mueca de desprecio. La prensa lo había intentado ocultar hasta el límite, pero ella ya lo sabia. Desde que conoció a Xela, su mejor amigo, Petra sabía que el final estaba cerca. Y sin embargo, no tenía miedo.
Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada causa una dulce muerte, había dicho Leonardo Da Vinci
lunes, 16 de abril de 2012
La vida de Petra. Capítulo 5
En la pantalla del teléfono blanco colgado en la pared de la cocina se podía ver la fecha 16/04/12 "Qué rápido pasa el tiempo"-pensó en voz alta- Petra, dejando las solitarias galletas dietéticas a medio terminar, se levantó silenciosamente de la silla, y miró la foto enmarcada en un pequeño cuadrado color rosa palo. Ahi estaba, sonriente, tan sonriente como lo había estado cuando Petra era tan solo una niña...
-Hola...No sé donde estarás, pero espero que estés oyendo esto. Te quería decir que a veces pienso en ti, que no te he olvidado, que te tengo en mi memoria. Pero no son recuerdos tristes los que me vienen a la cabeza...Son alegres, de antes de que todo empezase a desmoronarse. Recuerdo como si fuese ayer a Lara y a mi corriendo hacia el cajón blanco de la cocina para coger los huevos de chocolate que con tanto cariño nos comprabas. También recuerdo cuando nos llamabas "Dios": es el apelativo cariñoso más bonito que jamás me han dicho. También recuerdo cuando reñías a Jesús si no nos dejaba hacer algo, y cuando decías cada vez que te visitábamos: "¡Habeís crecío un palmo!"
Gracias por esos momentos, te quiero mucho. Algún dia nos volveremos a encontrar...
-Hola...No sé donde estarás, pero espero que estés oyendo esto. Te quería decir que a veces pienso en ti, que no te he olvidado, que te tengo en mi memoria. Pero no son recuerdos tristes los que me vienen a la cabeza...Son alegres, de antes de que todo empezase a desmoronarse. Recuerdo como si fuese ayer a Lara y a mi corriendo hacia el cajón blanco de la cocina para coger los huevos de chocolate que con tanto cariño nos comprabas. También recuerdo cuando nos llamabas "Dios": es el apelativo cariñoso más bonito que jamás me han dicho. También recuerdo cuando reñías a Jesús si no nos dejaba hacer algo, y cuando decías cada vez que te visitábamos: "¡Habeís crecío un palmo!"
Gracias por esos momentos, te quiero mucho. Algún dia nos volveremos a encontrar...
domingo, 18 de diciembre de 2011
La vida de Petra. Capítulo 4
Se vistió lentamente, se miró al espejo y esbozó una tímida sonrisa. El hecho de sentirse rabiosa no hizo que su coquetería disminuyese ni un ápice. Estaba acostumbrada a sonreírle al espejo, por muy triste que se sintiese. Incluso cuando lloraba le gustaba mirarse. Ferran le había dicho un día que ella empezó a llorar y lentas lágrimas hacian una carrera para llegar al suelo en primer lugar, que estaba muy guapa llorando. Ella lo sabía, pero le complació que él opinara lo mismo.
Cogió el pintalabios rojo y se dirigió de nuevo al espejo de su armario. De pronto, echó una pequeña carcajada al recordar una página de una red social que se titulaba: "Señoras que se pintan los dientes, y de paso los labios"
De pronto en la radio sonó una canción lenta de piano. Petra se quedó inmóvil, mirando su propio rostro que le devolvia una mirada serena. Esa canción le recordaba a su infancia. Recordó aquella tarde de verano en la playa. Vestía una blusa blanca que entonces le venía muy grande. Era de su madre, pero Petra le habia dicho que tenia frio y ella se la habia puesto. Recordó sus manitas construyendo un castillo de arena, que en su momento le pareció una obra de arte y que ahora recordaba como un montón de arena apilada con agujeritos. Ella había querido que su castillo fuese un castillo-iglú. ¿Es que acaso los esquimales no tenian derecho a tener castillos?
Cogió el pintalabios rojo y se dirigió de nuevo al espejo de su armario. De pronto, echó una pequeña carcajada al recordar una página de una red social que se titulaba: "Señoras que se pintan los dientes, y de paso los labios"
De pronto en la radio sonó una canción lenta de piano. Petra se quedó inmóvil, mirando su propio rostro que le devolvia una mirada serena. Esa canción le recordaba a su infancia. Recordó aquella tarde de verano en la playa. Vestía una blusa blanca que entonces le venía muy grande. Era de su madre, pero Petra le habia dicho que tenia frio y ella se la habia puesto. Recordó sus manitas construyendo un castillo de arena, que en su momento le pareció una obra de arte y que ahora recordaba como un montón de arena apilada con agujeritos. Ella había querido que su castillo fuese un castillo-iglú. ¿Es que acaso los esquimales no tenian derecho a tener castillos?
sábado, 17 de diciembre de 2011
La vida de Petra. Capítulo 3
Amaneció un cielo despejado y grisáceo, que tenia algo de particular: no invitaba a la depresión,transmitía paz y serenidad
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Abrió un ojo, y vio a su padre sentado en el borde de la cama, zarandeándola por los hombros suavemente para que despertara. Con ese extraño guiño de ojos empezaba un nuevo día. Petra encendió la radio, ésta era pequeña y de imitación de las antiguas. Se la había regalado su abuela por su decimotercero cumpleaños, y ella la trataba con mucho cariño. Por el pequeño altavoz se oyó : Such a lovely place, such a lovely face
The Eagles era el grupo que esa mañana la acompañaría. Petra amaba la música de los "años mozos" de sus padres. Se emocionaba con los Beatles, con la penetrante e inimitable voz de Frank Sinatra, vibraba con The Police y The Cure.
Abrió el armario para ver qué se pondria ese dia. En realidad le importaba más bien poco. Siempre iba a la universidad vestida con lo primero que pillaba.
Cogió unos vaqueros que ni siquiera sabía que hacían en su armario la primera vez que los vió, y que su madre no soportaba que se pusiera. Tenía ganas de provocarla,de discutir con ella cuando le dijera por duodécima vez: "¿A dónde vas con eso? ¡El dia menos pensado los tiro! Desde luego lo que te trae tu hermana...
Así que los había traido ella. Mejor, una razón más para fastidiar al personal. Tania odiaba que Petra se pusiera su ropa. Ni que fuera nada del otro mundo.
Pronto saldría afuera y su ánimo daria un giro de 360 grados.
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Abrió un ojo, y vio a su padre sentado en el borde de la cama, zarandeándola por los hombros suavemente para que despertara. Con ese extraño guiño de ojos empezaba un nuevo día. Petra encendió la radio, ésta era pequeña y de imitación de las antiguas. Se la había regalado su abuela por su decimotercero cumpleaños, y ella la trataba con mucho cariño. Por el pequeño altavoz se oyó : Such a lovely place, such a lovely face
The Eagles era el grupo que esa mañana la acompañaría. Petra amaba la música de los "años mozos" de sus padres. Se emocionaba con los Beatles, con la penetrante e inimitable voz de Frank Sinatra, vibraba con The Police y The Cure.
Abrió el armario para ver qué se pondria ese dia. En realidad le importaba más bien poco. Siempre iba a la universidad vestida con lo primero que pillaba.
Cogió unos vaqueros que ni siquiera sabía que hacían en su armario la primera vez que los vió, y que su madre no soportaba que se pusiera. Tenía ganas de provocarla,de discutir con ella cuando le dijera por duodécima vez: "¿A dónde vas con eso? ¡El dia menos pensado los tiro! Desde luego lo que te trae tu hermana...
Así que los había traido ella. Mejor, una razón más para fastidiar al personal. Tania odiaba que Petra se pusiera su ropa. Ni que fuera nada del otro mundo.
Pronto saldría afuera y su ánimo daria un giro de 360 grados.
domingo, 13 de noviembre de 2011
La vida de Petra. Capítulo 2
Petra escribia su diario íntimo en el ordenador cuando su padre irrumpió en la habitación. Ella, no sabia por qué pero en esos momentos le odiaba. No quería que nadie interrumpiese algo que para ella estaba siendo un ritual de desahogamiento. Él le pregunto: ¿Que haces? Y ella respondió enfadada: Estoy escribiendo. Cuando él se acercó, ("ya esta cotilleando"), ella cambió la ventana a la página de Word en la que había estado transcribiendo una entrevista. Él dijo, molesto: ¿No te puc preguntar o que?
Le dijo a su padre que no quería hablar, que no estaba bien, con tono de enfado. Y él dio media vuelta y se largó por donde había venido.
Petra, como siempre, se sintió mal consigo misma. ¿Por qué sentía tanto enfado por una cosa tan tonta? Le hubiera pegado, tenía ganas de pegar. Claramente no se hubiera atrevido, porque la moral hubiera podido más que las ganas. Pero por ganas, no era. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Acaso estaba loca? ¿Por qué tanta rabia con su familia, que era en realidad la que más le quería? Cuando venian las tormentas de abril, ellos eran los primeros en mojarse. Y sin embargo, ellos eran los últimos que ella se imaginaba que no se ocuparían de ella si tuviera alguna enfermedad.
Le dijo a su padre que no quería hablar, que no estaba bien, con tono de enfado. Y él dio media vuelta y se largó por donde había venido.
Petra, como siempre, se sintió mal consigo misma. ¿Por qué sentía tanto enfado por una cosa tan tonta? Le hubiera pegado, tenía ganas de pegar. Claramente no se hubiera atrevido, porque la moral hubiera podido más que las ganas. Pero por ganas, no era. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Acaso estaba loca? ¿Por qué tanta rabia con su familia, que era en realidad la que más le quería? Cuando venian las tormentas de abril, ellos eran los primeros en mojarse. Y sin embargo, ellos eran los últimos que ella se imaginaba que no se ocuparían de ella si tuviera alguna enfermedad.
sábado, 22 de octubre de 2011
La vida de Petra. Capítulo 1.
Petra se levantó de la cama grande que había compartido durante media noche con su madre. Había sido una noche indudablemente larga porque no había dormido nada bien. Por una parte un mosquito le había dado el desagradable concierto de su amenazador pitido en sus oídos a una hora intempestiva. Ella había dejado atrás sus principios pacíficos de no hacer daño a ningún ser viviente, y le habia intentado asestar un manotazo, sin resultado. Como un zombie, bajó las escaleras casi en un sueño buscando a su padre, que tenia solución para (casi) todo. La joven entró en el comedor, deslumbrada por la luz, y , sabiendo que lo encontraría allí, le dijo: "Papaa, hi ha un mosquit". Su padre, tal y como ella esperaba, maldijo todo lo que se podía maldecir. La verdad es que era bastante asiduo a hacerlo. Cualquier cosa le provocava una maldición. "Me caguen tot!" y "Me caguen la mare que l'ha parit!" eran sus preferidas. La cuestión es que no se le pudo dar solución al tema del mosquito en su cuarto, ya que por mucho que su padre buscó con la luz encendida mientras ella cerraba los ojos bajo las sábanas como una niña pequeña, no lo halló.
La solución era ir a la habitación de su madre. Petra no se lo pensó dos veces y, con la decisión que pueda tener alguien dormido, se dirigió sin pensárselo allí y ocupó el hueco de su padre.
Se despertó varias veces. Una porque su madre le quitaba la sábana, y sintió hacia ella rabia, pero no hizo nada para evitarlo. Otra cuando su padre entraba a la habitación, y se daba un susto de muerte porque no esperaba verla allí. Dió un respingo cuando intentó encender la lámpara de la mesilla de noche y vió que Petra se incorporaba. Petra media 1,69 y quizás eso había influido. Era la más alta de la casa.
La tercera vez su madre cerrando la persiana para que no entrase la luz del Sol fue lo que le interrumpió el intranquilo sueño que llevaba. Cuando se durmió de nuevo otra vez tuvo un sueño. Soñó que su último novio, una compañera (porque llamarla amiga quizás era mentir), y ella misma estaban en la cocina de su casa. Petra cocinaba algo que llevaba huevo (posiblemente había influido en el sueño que la noche anterior viera en la tele el programa en que una mujer intentaba reeducar a unos niños indomables y a sus correspondientes padres incompetentes, y en una de las escenas el niño gritaba como un poseso a su madre :"¡¿Te he dicho yo acaso que mezcles el huevo con la salchicha?!"). El inconsciente de Petra había escogido esa comida para su sueño. En él su ex pareja (desde hacía pocos días) se reía con la otra chica y le contaba: "Yo en realidad tuve una novia antes" y luego seguía hablando de sus antiguos amoríos. Eso había sido suficiente ya. En el sueño, tanto como en la realidad, la joven había tenido un día de muchos nervios, y eso ya era el colmo. Recordaba haber subido las escaleras para meterse en su cuarto (ahora sin mosquito) y haberse escondido detrás de la puerta cuando oyó que Ferran subía las escaleras para encontrarse con ella. En el sueño el pomo de la puerta tocaba la pared, disimulando que ella estaba ahí. "Es una especie de física imposible, la física de los sueños"-pensaría Petra al despertarse.
La solución era ir a la habitación de su madre. Petra no se lo pensó dos veces y, con la decisión que pueda tener alguien dormido, se dirigió sin pensárselo allí y ocupó el hueco de su padre.
Se despertó varias veces. Una porque su madre le quitaba la sábana, y sintió hacia ella rabia, pero no hizo nada para evitarlo. Otra cuando su padre entraba a la habitación, y se daba un susto de muerte porque no esperaba verla allí. Dió un respingo cuando intentó encender la lámpara de la mesilla de noche y vió que Petra se incorporaba. Petra media 1,69 y quizás eso había influido. Era la más alta de la casa.
La tercera vez su madre cerrando la persiana para que no entrase la luz del Sol fue lo que le interrumpió el intranquilo sueño que llevaba. Cuando se durmió de nuevo otra vez tuvo un sueño. Soñó que su último novio, una compañera (porque llamarla amiga quizás era mentir), y ella misma estaban en la cocina de su casa. Petra cocinaba algo que llevaba huevo (posiblemente había influido en el sueño que la noche anterior viera en la tele el programa en que una mujer intentaba reeducar a unos niños indomables y a sus correspondientes padres incompetentes, y en una de las escenas el niño gritaba como un poseso a su madre :"¡¿Te he dicho yo acaso que mezcles el huevo con la salchicha?!"). El inconsciente de Petra había escogido esa comida para su sueño. En él su ex pareja (desde hacía pocos días) se reía con la otra chica y le contaba: "Yo en realidad tuve una novia antes" y luego seguía hablando de sus antiguos amoríos. Eso había sido suficiente ya. En el sueño, tanto como en la realidad, la joven había tenido un día de muchos nervios, y eso ya era el colmo. Recordaba haber subido las escaleras para meterse en su cuarto (ahora sin mosquito) y haberse escondido detrás de la puerta cuando oyó que Ferran subía las escaleras para encontrarse con ella. En el sueño el pomo de la puerta tocaba la pared, disimulando que ella estaba ahí. "Es una especie de física imposible, la física de los sueños"-pensaría Petra al despertarse.
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