Se vistió lentamente, se miró al espejo y esbozó una tímida sonrisa. El hecho de sentirse rabiosa no hizo que su coquetería disminuyese ni un ápice. Estaba acostumbrada a sonreírle al espejo, por muy triste que se sintiese. Incluso cuando lloraba le gustaba mirarse. Ferran le había dicho un día que ella empezó a llorar y lentas lágrimas hacian una carrera para llegar al suelo en primer lugar, que estaba muy guapa llorando. Ella lo sabía, pero le complació que él opinara lo mismo.
Cogió el pintalabios rojo y se dirigió de nuevo al espejo de su armario. De pronto, echó una pequeña carcajada al recordar una página de una red social que se titulaba: "Señoras que se pintan los dientes, y de paso los labios"
De pronto en la radio sonó una canción lenta de piano. Petra se quedó inmóvil, mirando su propio rostro que le devolvia una mirada serena. Esa canción le recordaba a su infancia. Recordó aquella tarde de verano en la playa. Vestía una blusa blanca que entonces le venía muy grande. Era de su madre, pero Petra le habia dicho que tenia frio y ella se la habia puesto. Recordó sus manitas construyendo un castillo de arena, que en su momento le pareció una obra de arte y que ahora recordaba como un montón de arena apilada con agujeritos. Ella había querido que su castillo fuese un castillo-iglú. ¿Es que acaso los esquimales no tenian derecho a tener castillos?
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