Se vistió lentamente, se miró al espejo y esbozó una tímida sonrisa. El hecho de sentirse rabiosa no hizo que su coquetería disminuyese ni un ápice. Estaba acostumbrada a sonreírle al espejo, por muy triste que se sintiese. Incluso cuando lloraba le gustaba mirarse. Ferran le había dicho un día que ella empezó a llorar y lentas lágrimas hacian una carrera para llegar al suelo en primer lugar, que estaba muy guapa llorando. Ella lo sabía, pero le complació que él opinara lo mismo.
Cogió el pintalabios rojo y se dirigió de nuevo al espejo de su armario. De pronto, echó una pequeña carcajada al recordar una página de una red social que se titulaba: "Señoras que se pintan los dientes, y de paso los labios"
De pronto en la radio sonó una canción lenta de piano. Petra se quedó inmóvil, mirando su propio rostro que le devolvia una mirada serena. Esa canción le recordaba a su infancia. Recordó aquella tarde de verano en la playa. Vestía una blusa blanca que entonces le venía muy grande. Era de su madre, pero Petra le habia dicho que tenia frio y ella se la habia puesto. Recordó sus manitas construyendo un castillo de arena, que en su momento le pareció una obra de arte y que ahora recordaba como un montón de arena apilada con agujeritos. Ella había querido que su castillo fuese un castillo-iglú. ¿Es que acaso los esquimales no tenian derecho a tener castillos?
domingo, 18 de diciembre de 2011
sábado, 17 de diciembre de 2011
La vida de Petra. Capítulo 3
Amaneció un cielo despejado y grisáceo, que tenia algo de particular: no invitaba a la depresión,transmitía paz y serenidad
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Abrió un ojo, y vio a su padre sentado en el borde de la cama, zarandeándola por los hombros suavemente para que despertara. Con ese extraño guiño de ojos empezaba un nuevo día. Petra encendió la radio, ésta era pequeña y de imitación de las antiguas. Se la había regalado su abuela por su decimotercero cumpleaños, y ella la trataba con mucho cariño. Por el pequeño altavoz se oyó : Such a lovely place, such a lovely face
The Eagles era el grupo que esa mañana la acompañaría. Petra amaba la música de los "años mozos" de sus padres. Se emocionaba con los Beatles, con la penetrante e inimitable voz de Frank Sinatra, vibraba con The Police y The Cure.
Abrió el armario para ver qué se pondria ese dia. En realidad le importaba más bien poco. Siempre iba a la universidad vestida con lo primero que pillaba.
Cogió unos vaqueros que ni siquiera sabía que hacían en su armario la primera vez que los vió, y que su madre no soportaba que se pusiera. Tenía ganas de provocarla,de discutir con ella cuando le dijera por duodécima vez: "¿A dónde vas con eso? ¡El dia menos pensado los tiro! Desde luego lo que te trae tu hermana...
Así que los había traido ella. Mejor, una razón más para fastidiar al personal. Tania odiaba que Petra se pusiera su ropa. Ni que fuera nada del otro mundo.
Pronto saldría afuera y su ánimo daria un giro de 360 grados.
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Abrió un ojo, y vio a su padre sentado en el borde de la cama, zarandeándola por los hombros suavemente para que despertara. Con ese extraño guiño de ojos empezaba un nuevo día. Petra encendió la radio, ésta era pequeña y de imitación de las antiguas. Se la había regalado su abuela por su decimotercero cumpleaños, y ella la trataba con mucho cariño. Por el pequeño altavoz se oyó : Such a lovely place, such a lovely face
The Eagles era el grupo que esa mañana la acompañaría. Petra amaba la música de los "años mozos" de sus padres. Se emocionaba con los Beatles, con la penetrante e inimitable voz de Frank Sinatra, vibraba con The Police y The Cure.
Abrió el armario para ver qué se pondria ese dia. En realidad le importaba más bien poco. Siempre iba a la universidad vestida con lo primero que pillaba.
Cogió unos vaqueros que ni siquiera sabía que hacían en su armario la primera vez que los vió, y que su madre no soportaba que se pusiera. Tenía ganas de provocarla,de discutir con ella cuando le dijera por duodécima vez: "¿A dónde vas con eso? ¡El dia menos pensado los tiro! Desde luego lo que te trae tu hermana...
Así que los había traido ella. Mejor, una razón más para fastidiar al personal. Tania odiaba que Petra se pusiera su ropa. Ni que fuera nada del otro mundo.
Pronto saldría afuera y su ánimo daria un giro de 360 grados.
domingo, 13 de noviembre de 2011
La vida de Petra. Capítulo 2
Petra escribia su diario íntimo en el ordenador cuando su padre irrumpió en la habitación. Ella, no sabia por qué pero en esos momentos le odiaba. No quería que nadie interrumpiese algo que para ella estaba siendo un ritual de desahogamiento. Él le pregunto: ¿Que haces? Y ella respondió enfadada: Estoy escribiendo. Cuando él se acercó, ("ya esta cotilleando"), ella cambió la ventana a la página de Word en la que había estado transcribiendo una entrevista. Él dijo, molesto: ¿No te puc preguntar o que?
Le dijo a su padre que no quería hablar, que no estaba bien, con tono de enfado. Y él dio media vuelta y se largó por donde había venido.
Petra, como siempre, se sintió mal consigo misma. ¿Por qué sentía tanto enfado por una cosa tan tonta? Le hubiera pegado, tenía ganas de pegar. Claramente no se hubiera atrevido, porque la moral hubiera podido más que las ganas. Pero por ganas, no era. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Acaso estaba loca? ¿Por qué tanta rabia con su familia, que era en realidad la que más le quería? Cuando venian las tormentas de abril, ellos eran los primeros en mojarse. Y sin embargo, ellos eran los últimos que ella se imaginaba que no se ocuparían de ella si tuviera alguna enfermedad.
Le dijo a su padre que no quería hablar, que no estaba bien, con tono de enfado. Y él dio media vuelta y se largó por donde había venido.
Petra, como siempre, se sintió mal consigo misma. ¿Por qué sentía tanto enfado por una cosa tan tonta? Le hubiera pegado, tenía ganas de pegar. Claramente no se hubiera atrevido, porque la moral hubiera podido más que las ganas. Pero por ganas, no era. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Acaso estaba loca? ¿Por qué tanta rabia con su familia, que era en realidad la que más le quería? Cuando venian las tormentas de abril, ellos eran los primeros en mojarse. Y sin embargo, ellos eran los últimos que ella se imaginaba que no se ocuparían de ella si tuviera alguna enfermedad.
sábado, 22 de octubre de 2011
La vida de Petra. Capítulo 1.
Petra se levantó de la cama grande que había compartido durante media noche con su madre. Había sido una noche indudablemente larga porque no había dormido nada bien. Por una parte un mosquito le había dado el desagradable concierto de su amenazador pitido en sus oídos a una hora intempestiva. Ella había dejado atrás sus principios pacíficos de no hacer daño a ningún ser viviente, y le habia intentado asestar un manotazo, sin resultado. Como un zombie, bajó las escaleras casi en un sueño buscando a su padre, que tenia solución para (casi) todo. La joven entró en el comedor, deslumbrada por la luz, y , sabiendo que lo encontraría allí, le dijo: "Papaa, hi ha un mosquit". Su padre, tal y como ella esperaba, maldijo todo lo que se podía maldecir. La verdad es que era bastante asiduo a hacerlo. Cualquier cosa le provocava una maldición. "Me caguen tot!" y "Me caguen la mare que l'ha parit!" eran sus preferidas. La cuestión es que no se le pudo dar solución al tema del mosquito en su cuarto, ya que por mucho que su padre buscó con la luz encendida mientras ella cerraba los ojos bajo las sábanas como una niña pequeña, no lo halló.
La solución era ir a la habitación de su madre. Petra no se lo pensó dos veces y, con la decisión que pueda tener alguien dormido, se dirigió sin pensárselo allí y ocupó el hueco de su padre.
Se despertó varias veces. Una porque su madre le quitaba la sábana, y sintió hacia ella rabia, pero no hizo nada para evitarlo. Otra cuando su padre entraba a la habitación, y se daba un susto de muerte porque no esperaba verla allí. Dió un respingo cuando intentó encender la lámpara de la mesilla de noche y vió que Petra se incorporaba. Petra media 1,69 y quizás eso había influido. Era la más alta de la casa.
La tercera vez su madre cerrando la persiana para que no entrase la luz del Sol fue lo que le interrumpió el intranquilo sueño que llevaba. Cuando se durmió de nuevo otra vez tuvo un sueño. Soñó que su último novio, una compañera (porque llamarla amiga quizás era mentir), y ella misma estaban en la cocina de su casa. Petra cocinaba algo que llevaba huevo (posiblemente había influido en el sueño que la noche anterior viera en la tele el programa en que una mujer intentaba reeducar a unos niños indomables y a sus correspondientes padres incompetentes, y en una de las escenas el niño gritaba como un poseso a su madre :"¡¿Te he dicho yo acaso que mezcles el huevo con la salchicha?!"). El inconsciente de Petra había escogido esa comida para su sueño. En él su ex pareja (desde hacía pocos días) se reía con la otra chica y le contaba: "Yo en realidad tuve una novia antes" y luego seguía hablando de sus antiguos amoríos. Eso había sido suficiente ya. En el sueño, tanto como en la realidad, la joven había tenido un día de muchos nervios, y eso ya era el colmo. Recordaba haber subido las escaleras para meterse en su cuarto (ahora sin mosquito) y haberse escondido detrás de la puerta cuando oyó que Ferran subía las escaleras para encontrarse con ella. En el sueño el pomo de la puerta tocaba la pared, disimulando que ella estaba ahí. "Es una especie de física imposible, la física de los sueños"-pensaría Petra al despertarse.
La solución era ir a la habitación de su madre. Petra no se lo pensó dos veces y, con la decisión que pueda tener alguien dormido, se dirigió sin pensárselo allí y ocupó el hueco de su padre.
Se despertó varias veces. Una porque su madre le quitaba la sábana, y sintió hacia ella rabia, pero no hizo nada para evitarlo. Otra cuando su padre entraba a la habitación, y se daba un susto de muerte porque no esperaba verla allí. Dió un respingo cuando intentó encender la lámpara de la mesilla de noche y vió que Petra se incorporaba. Petra media 1,69 y quizás eso había influido. Era la más alta de la casa.
La tercera vez su madre cerrando la persiana para que no entrase la luz del Sol fue lo que le interrumpió el intranquilo sueño que llevaba. Cuando se durmió de nuevo otra vez tuvo un sueño. Soñó que su último novio, una compañera (porque llamarla amiga quizás era mentir), y ella misma estaban en la cocina de su casa. Petra cocinaba algo que llevaba huevo (posiblemente había influido en el sueño que la noche anterior viera en la tele el programa en que una mujer intentaba reeducar a unos niños indomables y a sus correspondientes padres incompetentes, y en una de las escenas el niño gritaba como un poseso a su madre :"¡¿Te he dicho yo acaso que mezcles el huevo con la salchicha?!"). El inconsciente de Petra había escogido esa comida para su sueño. En él su ex pareja (desde hacía pocos días) se reía con la otra chica y le contaba: "Yo en realidad tuve una novia antes" y luego seguía hablando de sus antiguos amoríos. Eso había sido suficiente ya. En el sueño, tanto como en la realidad, la joven había tenido un día de muchos nervios, y eso ya era el colmo. Recordaba haber subido las escaleras para meterse en su cuarto (ahora sin mosquito) y haberse escondido detrás de la puerta cuando oyó que Ferran subía las escaleras para encontrarse con ella. En el sueño el pomo de la puerta tocaba la pared, disimulando que ella estaba ahí. "Es una especie de física imposible, la física de los sueños"-pensaría Petra al despertarse.
viernes, 29 de julio de 2011
Le reve
El se bañó en el rio
se baño en el frio
los peces corrian por sus dedos
si, los peces
colores vivos, araña, perro gris
todos corren a su lado
él corre también,
quien detras de quien?
se baño en el frio
los peces corrian por sus dedos
si, los peces
colores vivos, araña, perro gris
todos corren a su lado
él corre también,
quien detras de quien?
jueves, 10 de febrero de 2011
Inicio de...
Marta zarandeó la cabeza en señal de negación. Desde donde yo estaba podía ver la cara atónita de Paco al ver la reacción de la chica y la melena de esta, de color negro azabache ondeando al viento enérgicamente. Vi cómo el seguía insistiendo en algo que parecía ser una cuestión de orgullo, por los gestos de éste, que indicaban prepotencia.
De pronto pude ver la cara de la chica, cuando esta se giró dejando al otro con un palmo de narices.
La miré fijamente a los ojos pero su mirada perdida no se detuvo en mi.
martes, 8 de febrero de 2011
Capitulo 1. Entrada al bosque
A Diana desde siempre le habían dicho que no traspasara la línea imaginaria que dibujaban los árboles, más alla del parque, bosque adentro.
Esto fue para ella suficiente para querer hacerlo, y un día, después de pasar la noche por fin se decidió. Muchos años antes había andado bosque adentro y se había encontrado sola, caminando hacia las inmediaciones de aquel bosque,y había encontrado muchos animales curiosos, pero el encantó duro poco pues su padre la había visto desde la ventana y no tardó en cogerla del brazo, dándole un susto de muerte. La reprendió severamente y le advirtió que no lo hiciese, mirándola fijamente con sus ojos grises puestos en ella.
Pero de eso hacía ya unos años, y nunca después se había atrevido a volver a intentarlo.
Cogió la mochila verde de las excursiones del colegio, y metió dentro una brújula con un dibujo de una tortuga que siempre le había gustado, un par de calcetines por si se los mojaba, un abrigo y un peluche de una rana que le traía suerte.
Se decidió: ya no había vuelta atrás. Empezó a andar y siento inmediatamente una brisa fresca que la acompañaba y le animaba a seguir, a adentrarse en lo desconocido de esos simples dos árboles que marcaban la frontera entre lo que hasta ese momento conocía y lo que en su imaginación muchas noches había tratado de revivir, para ella algo real.
Esto fue para ella suficiente para querer hacerlo, y un día, después de pasar la noche por fin se decidió. Muchos años antes había andado bosque adentro y se había encontrado sola, caminando hacia las inmediaciones de aquel bosque,y había encontrado muchos animales curiosos, pero el encantó duro poco pues su padre la había visto desde la ventana y no tardó en cogerla del brazo, dándole un susto de muerte. La reprendió severamente y le advirtió que no lo hiciese, mirándola fijamente con sus ojos grises puestos en ella.
Pero de eso hacía ya unos años, y nunca después se había atrevido a volver a intentarlo.
Cogió la mochila verde de las excursiones del colegio, y metió dentro una brújula con un dibujo de una tortuga que siempre le había gustado, un par de calcetines por si se los mojaba, un abrigo y un peluche de una rana que le traía suerte.
Se decidió: ya no había vuelta atrás. Empezó a andar y siento inmediatamente una brisa fresca que la acompañaba y le animaba a seguir, a adentrarse en lo desconocido de esos simples dos árboles que marcaban la frontera entre lo que hasta ese momento conocía y lo que en su imaginación muchas noches había tratado de revivir, para ella algo real.
domingo, 9 de enero de 2011
viernes, 7 de enero de 2011
Historieta
Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:
- Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles.Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.
Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total...
Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada. El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:
-No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje. El anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey.
-Pero no lo leas -le dijo- manténlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación.
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante
Y no había ningún otro camino...
De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso:
Simplemente decía "ESTO TAMBIEN PASARÁ"
Mientras leía sintió que se cernía sobre él un gran
silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos. El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.
El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:
-Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
-¿Qué quieres decir? -preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.
-Escucha -dijo el anciano-, este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "ESTO TAMBIÉN PASARÁ", y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado.
Entonces el anciano le dijo:
-Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas
- Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles.Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.
Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total...
Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada. El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:
-No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje. El anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey.
-Pero no lo leas -le dijo- manténlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación.
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante
Y no había ningún otro camino...
De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso:
Simplemente decía "ESTO TAMBIEN PASARÁ"
Mientras leía sintió que se cernía sobre él un gran
silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos. El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.
El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:
-Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
-¿Qué quieres decir? -preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.
-Escucha -dijo el anciano-, este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "ESTO TAMBIÉN PASARÁ", y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado.
Entonces el anciano le dijo:
-Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas
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